Xoel López y su viaje infinito

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Todo es igual, pero nada es lo mismo. Con este mantra finaliza “Patagonia”, la canción que abre el último de disco de Xoel López, “Paramales” (2015), y que abrió también su concierto en el Palacio de Pedro I de Torrijos, dentro del festival No me Sueltes. El auditorio de la localidad toledana se llenó para presenciar el espectáculo del gallego y éste no defraudó, consiguiendo incluso que el púbico se levantase de sus butacas para bailar.

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Xoel López, maestro a las seis cuerdas.

Como digo, todo es igual, pero nada es lo mismo. Hace tres años, Xoel López ofreció una gira electrizante con una banda bien ensamblada y de variopinta instrumentación que expandía hasta los límites el sonido de su primer disco en solitario, “Atlántico” (2012). Ahora, gran parte del reportorio es el mismo, pero el formato no podría ser más distinto. Voz y guitarra, salvo en contadas ocasiones en las que el músico de A Coruña ataca las teclas del piano. Xoel López solo ante el peligro. O no tanto: cuenta con sus portentosas cuerdas vocales y uno de los mayores talentos para tocar la guitarra del panorama musical de nuestro país. Con estas armas no le tembló el pulso y, durante algo más de una hora y media, regaló al público “canciones de diferentes épocas”, como él mismo anunció.

Y lo cierto es que, a pesar de ser canciones pertenecientes a distintos álbumes y proyectos, los temas encajan a la perfección conformando un setlist coherente que, además, agradece el formato acústico. Tras “Patagonia” le llegó el turno a “Por el viejo barrio”. El público se encontró con un Xoel hablador y divertido, que se detenía a presentar las canciones y a bromear, conectando a la perfección con el respetable en lo que era casi un concierto íntimo. Como él mismo dijo, estaba allí para presentar las canciones de su nuevo disco y, lógicamente, muchas de éstas fueron desfilando. “Antídoto” fue la siguiente y después llegó el primer gran momento de la noche con una “Buenos Aires” que, al menos en mis oídos, sonó especialmente bien. Buenos Aires sería la primera parada en el anecdotario del trotamundos Xoel López, pero no la única: Bogotá, Nueva York… Sus canciones, hijas de las circunstancias, guardan pedazos de historias, de personas, de lugares. Y de pronto un viaje en el tiempo. “Quemas” (del “Reconstrucción” de la etapa Deluxe) salió a la palestra y entregó el testigo a otra de las nuevas, “Sol de Agua”. Hizo cantar a todos con “Caballero” y se descolgó la guitarra para dirigirse al piano y reivindicar una canción de hace siete años a la que “tanto el público como yo hicimos poco caso, pero ahora me parece una de las mejores”. Y así, nos deleitó con una delicadísima interpretación de “De vino y espejos”, para después enfundarse un ukelele y cantar “En la boca del volcán”, esa adivinanza repleta de verdades.

El polifacético músico a las teclas del piano.
El polifacético músico a las teclas del piano.

Para quien diga que la música popular no es cultura, aprendimos un poco de gallego, aunque fuese lo justo para recitar los coros de “A serea e o mariñeiro”, y nos embarcamos en otro viaje al pasado para disfrutar con “Tendrás que hacerlo mejor”. Entonces, Xoel explicó cómo compuso “Un año más” una Nochevieja al volver a casa y confesó la soledad que puede llegar a sentir uno en el lugar más familiar del mundo antes de interpretar “Postal de N. Y.”. A continuación, continuó el recorrido por “Atlántico” con “Joven poeta” y la celebrada “Hombre de ninguna parte”. Llegó el momento de comprobar cómo lucían en directo dos de los grandes temas de su segundo disco. En “Yo solo quería que me llevaras a bailar” nos invitó a ponernos en pie y nadie quiso sentarse cuando comenzaron los acordes de “Todo lo que merezcas”. Inmejorable forma de poner el punto y aparte a la actuación, a la espera de los bises. Xoel López no se hizo de rogar y volvió a sentarse al piano para cantar otro tema de Deluxe. Y qué tema. Magnífica interpretación de “El amor valiente” y todos entregados. Quedaba poco, pero no podía faltar la preciosa “Caracoles” (para quien escribe, la mejor de “Paramales”), que sin embargo estuvo cerca de quedarse fuera a causa de un pánico por parte de Xoel, al parecer fundado en antecedentes, de olvidarse la letra. Por fortuna, disfrutamos de ella cantada al alimón con Antonio Pérez, músico de la banda que auxilió en los cambios de instrumento durante el concierto. Si bien toda la actuación fue memorable, el final fue simplemente perfecto. A las dos canciones mencionadas se sumaron “Tierra” y “De piedras y arena mojada”, que levantó a los asistentes de nuevo y puso el cierre al espectáculo con un frenético final.

En definitiva, el gallego dio todo de sí, desdoblándose en una actuación entregada que el público agradeció desde el primer momento. Las canciones se ajustaron al nuevo traje (o, mejor dicho, viejo traje, como Xoel explicó, pues así es como muchas de ellas nacieron), acudiendo a su esencia para conseguir un sonido desbordante, fresco y conmovedor. Fue, sin duda alguna, uno de esos conciertos que te dejan con una sonrisa de oreja a oreja. Y es que, aunque nada sea lo mismo, algo siempre es igual: Xoel López es imprescindible.

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