Escuchar a Carlos Tarque, únicamente oyéndole hablar y observando sus gestos, es transportarte de forma automática a la escena del rock español más crudo y salvaje. Es conseguir un trayecto directo sin oportunidad de vuelta a todas aquellas canciones que han estado ahí desde el principio, acompañándonos y marcando un tiempo que ahora retorna para materializarse en Tarque, el primer trabajo en solitario del cantante de M-Clan. Un disco conformado por diez temas que amenazan con convertirse en el mantra de todo rockero.

Decidimos encontrarnos un jueves marcado por las lluvias torrenciales que están calando Valencia. Cuando llego al Restaurante Belmonte, lugar fijado para la entrevista, el agua empieza a caer con una fuerza inusitada y en mi cabeza, sin previo aviso, aparece ese “ahora y en la hora en la que siento que ha llegado mi hora”. Espero que no resulte premonitorio.

Tarque se dirige a la persona que regenta Belmonte, con la que parece tener confianza: «Ponemos algo de música, ¿no? Que esto parece un entierro». Empieza a sonar una canción que es puro rock and roll. El ambiente se relaja. Carlos se viene arriba.

Naces en Santiago de Chile, pero pasas tu juventud en Murcia. Todo aquel que ha vivido o ha estado allí sabe que no es un lugar cualquiera. Salas de conciertos, infinidad de bandas produciendo música, buen ambiente, marineras… ¿Qué es lo que más te marca?

Cuando éramos muy jóvenes, aunque había algunos grupos, Murcia era una ciudad bastante limitada. Fue quizá esa limitación la que provocó que tuviéramos tantas ganas y tanta ansiedad por hacer un grupo y por salir un poco de ese muermo. Ahora, treinta años después, la verdad es que ha evolucionado mucho. Hay un montón de bandas, mucha escena, mucha cultura musical, la gente va a muchos conciertos… Yo la verdad es que estoy muy orgulloso de haber contribuido con mi granito de arena a lo que ahora es.

Creces escuchando a Bob Dylan, Deep Purple, Led Zeppelin o AC/DC. Improntas imborrables. ¿Qué queda de todo eso en lo que uno hace después?

Evidentemente la música con la que creces y sobre todo la que te acompaña durante esos años en los que eres una esponja te marca mucho. Yo creo que la etapa en la que eres un niño, un adolescente y un poco la que vives hasta los 30 años, más o menos, viene determinada por esto. A mí, personalmente, me quedan las referencias y las influencias que han hecho posible que después haya podido beber de esas fuentes y de ese sonido para hacer mi propia música.

1992. Por aquel entonces, suenan Platero y Tú, Rosendo, Medina Azahara, Extremoduro… Ricardo Ruipérez y tú decidís unir fuerzas y creáis Los Mierdas. ¿Cómo fue ese momento? ¿Qué os proponéis en un principio?

El grupo de Los Mierdas es una leyenda que circula. No es cierto. Surgió a raíz de un grupo que tuve con Santiago Campillo. En una de nuestras actuaciones nos hicimos llamar Los Mierdas, pero tuvimos varios nombres durante el mismo concierto porque éramos unos personajes [risas].

Supongo que hay un primer momento en el que sientes que lo que estáis haciendo constituye un punto de inflexión…

Sí, sí que es cierto que en un momento determinado piensas que aquello que estás viviendo es un punto de inflexión y que, de repente, has creado un banda profesional. Llega un día en el que percibes que lo que has formado no es un juego de instituto, sino algo en lo que toda la formación quiere depositar su energía para conseguir vivir de ello y, de paso, cumplir un sueño. A partir de ahí ya no fue simplemente juntarnos a beber litros de cerveza para pasar el rato.

Recuerdo escuchar Llamando a la Tierra de niña camino a La Azohía, un rinconcito costero en Cartagena donde pasaba los veranos. Iba con mis padres en el coche y el paisaje con ese tema de fondo me parecía poesía sin saber siquiera todavía qué lo era. ¿Qué te provoca pensar que tu voz forma parte de la vida y el recuerdo de tantas personas?

La música, al fin y al cabo, es una vía de comunicación. Yo me siento muy bien pensando en que, igual que mucha música es parte de mi vida y mi vida se construye a partir de muchos trozos de canciones, de películas y de un montón de recuerdos, hemos conseguido algo parecido a la inversa. El hecho de crear algo que pueda ser eso mismo para los demás es alucinante. Es cierto que las canciones alcanzan un momento concreto en el que, como bien dice el tópico, dejan de ser propias y comienzan a ser de quienes las escuchan. Las personas las hacen suyas y, aunque yo sea el creador, son ellas las que le dan su sentido con lo que viven o recuerdan.

Siempre te vemos derrochando una fuerza inigualable sobre el escenario. ¿Cómo eres fuera de todo eso? Cuando los focos se apagan y tú también desconectas, ¿algo cambia?

Como vengo del rock y de escuchar rock duro de pequeño, mis referentes y mis ídolos han sido Angus Young, Mick Jagger… Personas muy activas en escena, con mucha energía… Eso es algo que llevo ya dentro y de lo que me he nutrido a la hora de estar sobre un escenario. No es algo forzado. Cuando bajo del escenario, evidentemente, sigo teniendo ese punto un poco nervioso, pero soy mucho más tranquilo. Cada vez más.

Has compartido escenario con Miguel Ríos, Ariel Rot o Fito Cabrales y las canciones de MClan han recorrido mucho mundo. ¿Esto se llega a normalizar en algún momento o siempre quedan sueños por cumplir?

La suerte de llevar muchos años en la música es que hemos hecho muchos amigos. Gente a la que admiramos y con la que hemos podido tocar. Como bien dices, Miguel Ríos, Ariel Rot… Pero aun con todo esto, siempre quedan sueños. Más que sueños de adolescente o de niño como por ejemplo puede ser querer tocar con cierta persona o algo parecido, te quedan nuevas ilusiones y nuevas metas. El hecho de poder seguir después de tantos años constituye un logro, se pone más ahínco y se agradece más precisamente porque sabes el privilegio que estás teniendo.

Mantener los pies en el suelo. ¿Es muy difícil esa lucha?

Yo creo que tampoco vivimos en un mundo como para que sea difícil. No somos de Nueva York, de Los Ángeles… No vivimos en el universo de las grandes estrellas de los años 70. Nuestra vida es bastante común. Por suerte, la vida cotidiana es muy normal para mí. No estoy en una burbuja… Aunque alguna vez he tenido momentos de gira que lo han podido ser, sobre todo al principio, pero te acabas acostumbrando.

¿Qué es lo que menos soportas de lo que nos rodea?

Supongo que lo mismo que todo el mundo… La injusticia, el abuso, ver a los políticos tirarse mierda unos a otros sin solucionar los problemas practicando una lucha de egos que realmente me enfada.

Carlos Tarque dentro de 10 años. ¿Dónde te ves?

Dentro de 10 años me veo haciendo discos, cantando y básicamente haciendo lo mismo que estoy haciendo ahora. La verdad es que decir 10 años me parece decir pasado mañana. Si me dices 40, no sabría qué contestar [risas].

Publicando este proyecto de manera independiente, supongo que existe una libertad de acción que en cualquier banda puede venir determinada por decisiones que parten más del consenso, ¿pero qué más hay? Cierta sensación de vértigo, ¿quizás? O todo lo contrario…

Cuando decides hacer un disco en solitario lo haces para poder tomar tus propias decisiones y no tener que pasar por el filtro de los gustos de otra persona. Con esto, es cierto que muchas veces no llegas del todo a hacer lo que realmente quieres. Ese motivo es el principal para hacer este trabajo en solitario. Además, pienso que todo el mundo tiene derecho a crear un camino propio.

La portada de Tarque, en cierta forma, ya nos anticipa que lo que vamos a escuchar en él pertenece a la parte más profunda de ti mismo. O al menos así lo interpreto al verla pero, ¿qué podemos encontrar en este disco?

La portada del disco fue una idea mía, una idea que pensé que gráficamente podía tener fuerza. Las calaveras y los esqueletos son elementos bastante recurrentes en el mundo del rock. La muerte, la vida, el hecho de mostrarse hasta los huesos… Es algo muy propio y me identifica mucho. De hecho, es mi calavera y es mi micrófono los que aparecen en el disco.

En este trabajo lo que está más patente es la necesidad y las ganas de que las canciones con las que crecí, ubicadas principalmente en el hard rock y en aquellos sonidos de guitarra poderosos y duros, afloren.

Siguiendo por las imágenes… Te he escuchado decir en alguna ocasión que el proceso de composición de las letras parte un poco de ahí, de los paisajes, no sé si visuales, a los que te conducen las propias melodías en su proceso compositivo pero, ¿te ha ocurrido alguna vez al revés? ¿Has llegado a alguna fotografía, a alguna obra artística que no tenga necesariamente que pertenecer al ámbito de la música que te haya conducido en algún momento a componer?

Sí, sí que ha habido inspiraciones en otras canciones, en películas, en algún libro, en gente que puedo ver por la calle… La inspiración puede llegarme desde muchos ámbitos.

A mí personalmente el sonido del disco, las letras, la sucesión de canciones y las imágenes que me llegan a la cabeza cuando las escucho me llevan directamente a la Generación Beat. A pasajes de Kerouac, Ginsberg, Bukowski… ¿Pura casualidad o de verdad está esa filosofía implícita de alguna forma en este trabajo?

He bebido mucho de la Generación Beat, supongo que como todo el que ha buscado en la contracultura americana y del siglo XX. Sí puede que haya un poco de eso en algunos puntos del disco, en algunas letras… Yo no lo pretendo, no pretendo ser un intelectual, pero sí pueden contenerse esos rasgos áridos que tenían los Beat, sin caer en el feísmo absoluto, por supuesto. Existen debido a que no me apetece recrear únicamente situaciones bellas, bonitas y dulces porque la vida no es así. En la vida casi que hay más de lo crudo que de lo que no lo es. Además, el rock es un sonido que tiene mucho de agrio, áspero y crudo.

¿Qué nos tienes preparado para el directo de Tarque?

El directo de Tarque va a ser muy contundente, muy parecido a lo que suena en el disco. De hecho, estarán los mismos músicos con los que he grabado este trabajo. Va a ser muy eléctrico, con algunas versiones de clásicos hard rock y rock and roll que estamos preparando. Versiones de Led Zeppelin, de Jimi Hendrix, de los Free… Yo creo que va a ser muy rockero.

¿Qué esperas que traiga este disco?

Este disco espero que me abra una puerta a poder seguir una carrera paralela a M-Clan para que me sea posible continuar haciendo las cosas que me plazcan.

(Hablemos de canciones…)

Abres con Bailo.

Un tema muy rockanrolero que a mí personalmente me recuerda a The Georgia Satellites, una banda de los 80 que me gusta mucho. Es muy desenfadado. Tiene una letra un tanto canalla y agridulce en la que se habla de un vampiro y se hace referencia a los murciélagos, que es un elemento que siempre he llevado muy ligado desde mi primera formación, que se llamaba así.

Heartbreaker.

Una canción yo creo que muy pegadiza con un estribillo que es bastante rock AOR, diría yo, casi ochentero. Habla de aquella chica que te rompe el corazón y que, a pesar de todo, te sigue gustando.

Lobo solitario.

El tema más reflexivo del disco. Musicalmente tiene mucho que ver con Hendrix, con sus baladas. Es una reflexión vital sobre el tiempo y la sensación de sentirse esclavo de él mismo, sobre la vida y la necesidad de ser libre.

Juicio final.

Es un tema muy rockero. Muy grupal, coral, de desfile… De hecho, la canción habla de un desfile en el que van sucediéndose una serie de personajes que muestran su parte más escondida y oscura. Todos estos personajes van a ser conducidos irremediablemente al juicio final.

Janis, Amy, Billie.

Es un homenaje. Una canción de amor en la que se recuerdan tres mujeres que fueron cantantes, que sufrieron por amor y que tuvieron una vida turbulenta, a pesar del éxito. Esa sensación blues me gustó e inspiró para la letra.

Cactus en el corazón.

Es un tema bastante denso y árido que me sugirió hablar de la situación de los inmigrantes, de las pateras, de los parias… De ponernos un poco en la piel de alguien que necesita ayuda y a quien el ser humano se la niega. Este ser humano que somos y que, muchas veces, mira hacia otro lado.

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