Ara Malikian: Pura magia libanesa

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Todo quedó oscuro por un instante. Y en silencio. Pero, de pronto pasó a pleno espectáculo. Las luces moradas y anaranjadas iluminaban las figuras de un batería, un guitarrista, un percusionista,  una chelista, una contrabajista, y dos violinistas que se movían poseídos por el rock de los 60. Al fondo del escenario, una silueta de melena afro se abría paso entre sus compañeros mediante saltos y vueltas tocando “Voodoo Child”. Sin embargo, no era Jimmy Hendrix resucitado de entre los muertos quien nos transportaba a su época hippie. Era el violinista libanés, Ara Malikian, interpretando y homenajeando a uno de sus ídolos y grandes guitarristas de la historia. Pero al más puro estilo malikiano.

Tras atraer la atención del público que se contenía en sus asientos para no bailar a lo Hendrix, nos hizo un viaje a los clásicos del XVIII con “Lacrimosa” del prodigioso Mozart hasta volver a la actualidad con un tema compuesto por él mismo, donde hacía vibrar entre las cuerdas de su legendario violín, los aires armenios que danzan por su sangre.

Entre melodías, piruetas, risas y brincos, contaba anécdotas sobre su vida y el recorrido de su violín. Su cariñoso trozo de madera procedente de Armenia y propiedad de su abuelo paterno. Gracias a este instrumento, su abuelo, se libró del Genocidio Armenio y ha sido heredado de padre a hijo, hasta llegar a las manos de Ara siendo un niño, y desde entonces nunca ha parado de hacerlo cantar. Malikian y el violín son uno en escena, pero él es consciente que éste no le pertenece. “Yo soy el violinista del violín. No al revés. Cuando me muera, él me pondrá los cuernos con otro músico”, confesaba a un público sevillano que le acogía entre risas y aplausos.

Este violín con su actual violinista va a tocar por toda España como aniversario de los 15 años de Ara Malikian en este país. Vive actualmente en Madrid con su familia, donde empezó este tour 15 que continúa por Andalucía. La mayor parte de los beneficios de estos conciertos van a ir destinados a la ONG Acción Contra el Hambre, en la que Malikian colabora y ayuda todo lo posible, porque comprende las circunstancias de esas personas, ya que tiempo atrás también lo vivió en su piel.

Las canciones pasaban de una tendencia musical a otra y de la rapidez a la lentitud en tan solo un acorde, de una forma atrapadora, envolvente y hechizante. Pasó de las metaleras cuerdas de “Kashmir” de Led Zeppelin a un dulce vals llamado “El vals de Kairo”. Una melodía enternecedora creada para su hijo cuando estaba aún en la barriga de su mujer para tranquilizar los nervios de ella al sentir que el bebé no se movía. Es una canción de pausa y movimiento constante como son los niños en plena infancia.

“En realidad nuestra última canción la tocamos hace media hora. Todo lo de ahora son propinas” dijo con su sonrisa característica sin soltar ni un momento el violín. Inconsciente del tiempo, el espectáculo llegó a su fin. Se colocó el instrumento y volvió a perderse en la música junto a sus compañeros con “Aria» de Bach. Desfiló por el escenario con movimientos lentos, siguiendo las notas de la melodía. Una luz blanquecina perseguía su silueta. Ara Malikian bajó del escenario y caminó por los pasillos donde el público lo miraba asombrado. Se envolvían en la música con él. Cuando paró la canción, volvió con su grupo, y con una reverencia y besos tirados al aire para sus admiradores, se fue del escenario, con un auditorio que aún le aplaudía, vitoreaba y silbaba con ganas de más Malikian. Un libanés que deja huella en los corazones con la caricia de cuatro cuerdas.

 

Foto: Eduardo de San Bernardo de ABC

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